Un comienzo inesperado
Desde que pude sostener un lápiz, siempre quise ser “dibujante”, y nunca dudé del camino que quería seguir. Crear siempre ha sido para mí algo evidente, casi una necesidad vital.
Desde niño probé muchas formas de arte, entre ellas el bonsái. De manera natural estudié artes aplicadas y obtuve un título superior en Comunicación y Expresión Visual.
Después de los estudios trabajé como diseñador gráfico e ilustrador en agencia, y más tarde como freelance. Era inevitable que un día alguien me encontrara con un bloque de arcilla entre las manos.
Aunque tuve la oportunidad de modelar un poco en la escuela de arte, nunca recibí formación como alfarero. Soy autodidacta, y llegué al barro casi por accidente… En 2011 mi hija recibió como regalo un pequeño torno de juguete, con un pedazo de arcilla que tuvo la mala idea de dejarme probar. Dos semanas más tarde ya me había comprado un bloque de arcilla y estaba haciendo mis primeras macetas.
Empecé por casualidad,
continué por curiosidad,
y me quedé por pasión.